Además, no se limitan a coleccionar un solo tipo de cosa sino que cualquier objeto que atraiga su afecto, así sea una piedra o un tazón de plata, formará inmediatamente parte de su propiedad. Hay entonces en el buen coleccionista un sistema personal, un ojo aguzado e inquieto, que sabe librarse de pudores para descubrir lo bello entre el montón.
En un coleccionista de tiempo completo la posesión no es lo importante, al contrario, lo vital es contemplar, una y otra vez, los objetos arduamente conseguidos. Por eso, es cuidadoso cuando decide en donde los expondrá, tanto, que consigue crear composiciones con ellos en cada uno de los rincones y paredes de su casa.
Manolo Rivero, el último gran coleccionista yucateco, fue de este tipo, siempre entregado, buscando y encontrando, realzando y rescatando. Por su vasta colección de arte es reconocido como un impulsor decisivo del arte contemporáneo no sólo en el país sino también fuera de él por el apoyo y la oportunidad que le dio a toda una generación joven de artistas de México y Cuba; pero también nos toca hoy reconocerlo como un hombre que vivió el coleccionismo como pocos se han exigido.
Por esa razón, FrontGround, Centro de Investigación Artística, curó y montó una amplia exposición en la Galería que lleva su nombre en el Hotel Trinidad de la calle 60, con el fin de mostrar y compartir aquel mundo íntimo y hogareño de Manolo Rivero, donde hacía estudiadas instalaciones y montajes para sacar partido de su colección, desde objetos “kitsch” y “baratos”, hasta pinturas del arte contemporáneo, pasando por diversos muebles antiguos y recuerdos varios de sus viajes por todo el mundo.
La muestra, que abarca todas las tres salas de la Galería (cumpliendo así una reinauguración completa), revela esas cualidades natas de Manolo como coleccionista y, algo sin igual, el apego a sus muchos amigos artistas, a quienes siempre dispensó amplio reconocimiento. Así mismo, la expo será una oportunidad para el público de acercarse al mundo íntimo de Manolo, algo que él siempre hizo cada vez que tenía oportunidad, pues nunca tuvo reparos en abrir las puertas de su casa a quien fuera que lo visitara.
Por último, un reconocimiento a Gerda Gruber, Vanessa Rivero y Cassie Thornton que se encargaron de la curaduría y también de la museografía junto con Benigna Chilla, Maricarmen Castañeda, Mónica Costa, Aldo Córdova, Omar Said y Gilberto Caro.
Marco A. Díaz